viernes, 15 de mayo de 2015


El Concilio de Jerusalén
Ilumina al Vaticano II

 

                La lectura del relato de la reunión que hubo en Jerusalén entre el año 48 y 50, según los historiadores, y que hoy conocemos como concilio de Jerusalén, primer concilio ecuménico, me han inspirado algunas reflexiones que podrían ayudarnos a comprender al último concilio e intentar hallar así una posición que acerque las distintas visiones de la magna asamblea que hoy nos dividen. Como no soy teólogo ni historiador, someto estas ideas al juicio más experto de quien las lea y agradezco de antemano sus correcciones. Y, sin más, entremos en materia.

                El problema que suscitó la convocación del primer concilio ecuménico, para usar el lenguaje de hoy, era gravísimo. Algunos cristianos de origen judío y, muy especialmente, del grupo de los fariseos, se habían presentado en Antioquía y revolucionado a toda la comunidad al establecer la obligatoriedad de la circuncisión y de la observancia de toda la ley mosaica. “Se produjo una agitación y disputa no pequeña” comenta el libro de los  Hechos (15,2). Conocido el carácter benevolente y optimista  del libro, casi podríamos calificarlo de poema épico, hemos de valorar esas palabras y comprender que la discordia promovida por estos visitantes fue muy grave; tanto, que hubo que enviar a san Pablo y a san Bernabé a Jerusalén a plantear el disenso ante los mismos Apóstoles. Parece que, a la sazón, en esa ciudad sólo estaban san Pedro, san Juan y Santiago el menor, a quienes san Pablo calificará de “columnas de la Iglesia”.

                El problema era dogmático. La salvación, que nos trajo Jesús, ¿depende de Moisés o sólo de Él? ¿Es necesario comenzar por ser hijo de Abraham y luego cristiano? Estos judíos sostenían que el que no se circuncidaba, “conforme a la ley de Moisés”,  no podía salvarse. La circuncisión, pues, parecía ser más importante que el mismo bautismo. Es de notar que, en aquella época, la “ley de  Moisés” había sido recargada con mil prescripciones y detalles insoportables, a juicio de san Pedro (He. 15,10); prescripciones que, por supuesto, no están en la Biblia canónica.

                No les faltaban razones a los judaizantes, como los llamamos hoy. El pacto de Dios con Abrahán no podía ser abolido; Jesús fue circuncidado y él mismo había declarado que no había venido a abrogar la ley sino a cumplirla (Mt. 5,17-18); etc.

                Con su tono tan mesurado, san Lucas sólo nos advierte que hubo “una larga discusión” en Jerusalén (He. 15,7). Podemos conjeturar que el revuelo no fue menor que el de Antioquía. La comunidad se dividió en dos bandos y no pudo llegar a conclusión alguna, según interpreta Josef Holzner[1], de modo que los enviados de Antioquía hubieron de reunirse con los Apóstoles y los presbíteros en sesión menos tumultuosa; si bien otros prefieren pensar que hubo una sola reunión pública a la que asistieron también simples fieles.

                El dogma va a ser aclarado por san Pedro con el apoyo de Santiago. El primer sumo pontífice de nuestra historia recuerda que el Espíritu Santo descendió sobre Cornelio y su familia, paganos incircuncisos, incluso antes de su bautismo, en virtud de su mera fe en Jesús[2]. Parece evidente que no se les puede exigir pasar por el judaísmo a quienes ya recibieron el Espíritu de Cristo. En definitiva “por la Gracia del señor Jesucristo creemos ser salvos nosotros, lo mismo que ellos” (v.11). En consecuencia, de ahora en adelante, la ley mosaica cumplida por Jesús, ya no obliga a los cristianos; salvo, claro está, agregamos por nuestra parte, lo que esa ley contiene de moral natural que es la misma para todos los hombres en todos los tiempos. Y, en esto, no hay diferencia entre judíos y gentiles. En la nueva Iglesia, todos son igualmente hijos de Dios, como puntualizará san Pablo en sus epístolas y san Juan en el prólogo de su evangelio. Lo que nos salva es la fe en el Mesías, en el Hijo de Dios, y no la circuncisión.

                Con esto quedaba resuelto el aspecto dogmático del problema. Pero el partido judaizante quedaba herido y Santiago creyó oportuno, en bien de la paz, hacerles una concesión. Al menos así lo interpreta Holzner en la obra ya citada. En primer lugar apoya a san Pedro citando la Biblia, a Amós (9,11-12) concretamente, que había profetizado la conversión de los gentiles[3]. En segundo lugar, pide que los gentiles “se abstengan de las contaminaciones de los ídolos, de la fornicación, de lo ahogado y de la sangre” (v. 20), que era lo que se les exigía a los prosélitos, es decir, a los paganos, antes de ser circuncidados e incorporados a Israel.

El concilio, en consecuencia, remite una carta a los fieles de Antioquía en la que los libera de las exigencias judaizantes, pero les impone “que os abstengáis de los idolotitos, de sangre y de lo ahogado y de la fornicación, de lo cual haréis bien en guardaros” (v.29). Este decreto, como lo calificaríamos hoy, le creó a la Iglesia primitiva tantos problemas como tinta se ha gastado en tratar de explicarlo. Nos limitaremos a una breve exposición de los hechos que nos permiten, me parece,  iluminar nuestra actual situación.

La expresión “contaminaciones de los ídolos” prohíbe a los cristianos participar en las comidas que seguían a los sacrificios paganos. Los idolotitos son la carne sacrificada a los dioses que luego es comida en el banquete que solía seguir a estos sacrificios. La “fornicación” no se limita a lo que hoy entendemos por ella sino que incluye a las simples uniones de hecho, bastante comunes en esa época, a los matrimonios entre parientes cercanos, y, posiblemente, a la homosexualidad y pederastia, y, finalmente, “lo ahogado y la sangre” alude a la antigua idea judía de que en la sangre habita el alma por lo que había prohibición absoluta de beberla; incluso era necesario sangrar adecuadamente a todo animal que iba a ser destinado al consumo humano[4]. Parece que estas disposiciones no habían de hallar oposición alguna. Nada más lejos de la realidad. La última era fácil de cumplir en Judea, imposible en el resto del Imperio. Por la sencilla razón de que, en el mercado (macellum), no era posible distinguir la carne sobrante de los sacrificios, idolotitos, de la otra carne. Porque los sacerdotes vendían a los carniceros la carne que no consumían[5]. Por ello san Pablo enseñará que no hay que hacer caso de tal prohibición, si bien, por especial atención a los flacos en la fe, hay que abstenerse en su presencia[6]. Digámoslo con más violencia: san Pablo enseña a desobedecer a un concilio. Pero no todos hicieron caso a la observación de san Pablo. Muchas comunidades se sintieron obligadas y hasta san Bonifacio, en el siglo noveno, tendrá sus escrúpulos, nos recuerda Holzner.

En otras palabras, la decisión dogmática del concilio fue impecable, la pastoral, desastrosa. En efecto, fuera de Judea, los cristianos quedaban obligados a practicar el sistema vegetariano, como lo llamamos hoy. Lo cual era harto molesto. Hubo comunidades que se sentían obligadas por este decreto conciliar y otras no; situación que perduró por siglos. Como vemos, la pastoral se adecúa a las circunstancias espacio-temporales, por lo que es muy difícil establecer una práctica pastoral universal que se adecúe igualmente a todos los lugares y a todas las épocas.

Josef Holzner, cuidando su lenguaje, critica al concilio de Jerusalén. Establece que no aclaró suficientemente el problema, se limitó a dar una solución a medias al introducir esa medida que hemos calificado de pastoral. ¿Sólo los judíos de Jerusalén han de mantenerse fieles a la ley de Moisés? Si se extiende también a los de la diáspora, la Iglesia quedaba dividida en dos categorías: judío-cristianos y pagano-cristianos. En otras palabras, la decisión pastoral contaminaba a la dogmática. Implicaba crear dos clases de cristianos. Era fácil de ahí pasar a considerar a unos perfectos, mientras los otros serían impuros o imperfectos[7]. Esto explica el lío de Antioquía que enfrentó a san Pablo con san Pedro, relatado en la epístola a los Gálatas[8] y silenciado en los Hechos. Todavía se lo llama, eufemísticamente, “incidente de Antioquía”.

Si los Apóstoles, al incluir una disciplina pastoral en su primer concilio, sin tomar en consideración las diferencias de lugares tan alejados de Judea en sus costumbres, provocaron tantos entuertos, imagínense qué podía esperarse de un concilio pastoral que intentaba ser aplicado en toda la faz de la tierra. Las diferencias culturales actuales son harto mayores que las que había en los estrechos límites del imperio romano del siglo primero. De ahí el despropósito de llamar a un concilio únicamente pastoral, como fue el último.

El cardenal Pacelli no dudó en pedir y conseguir la traducción del libro de Holzner al italiano, a pesar de que se había dado el lujo de criticar el mismísimo concilio de Jerusalén, en que estaban reunidas “las columnas de la Iglesia” y san Pablo, ¿Por qué tanto revuelo porque algunos critican al Vaticano II? La crítica de Holzner se limita a la poco feliz decisión pastoral de ese primer concilio, es verdad; el actual, como se declaró pastoral en su totalidad, es criticable en la misma medida, si mantenemos el mismo criterio. Y con la aprobación del cardenal Pacelli, si viviera hoy, podemos conjeturar. Y con la de Pío XI, a nombre del cual el card. Pacelli agradece al autor el envío del libro y lo felicita por estudiar la figura y obra del Apóstol de las Gentes.

En vez de rasgar vestiduras, me parece que es más sensato acercarse a los textos del concilio y separar la espiga de la cizaña, como viene pidiéndolo la Fraternidad san Pío X y tantos otros, en vano, hasta el día de hoy.  ¿Estamos próximos a que esta actitud cerrada y farisaica llegue a su término y comencemos a estudiar esos textos sin prejuicio, a la luz de la santa Tradición, como debe ser? Benedicto XVI ha dado el primer paso.

Sin embargo, el daño que produjo la decisión pastoral del concilio de Jerusalén no terminó allí. Años después, san Pablo decide regresar, por quinta vez después de su conversión, a las ciudad santa. En Tiro, algunos cristianos “movidos por el Espíritu, decían a Pablo que no subiese a Jerusalén”[9]. San Pablo no hizo caso y siguió su viaje. Dejo a los teólogos la explicación de tan inusitada actitud del apóstol de las gentes.  Para nosotros, pobres laicos, es un consuelo saber que hasta los más grandes santos se equivocan y que Dios perdona tales errores. La subida en cuestión le significó a san Pablo un cautiverio de unos cuatro años que interrumpieron su labor apostólica. Mejor habría sido que no hubiera subido, pero incluso peor fueron, si cabe, los efectos de esa subida.

Santiago, a la cabeza de esa comunidad, le pedirá a san Pablo que judaíce[10]. En esa iglesia, según él, todos los judíos creyentes en Cristo, que son miles, siguen puntualmente la ley de Moisés (He. 15,20). Pero han oído decir que san Pablo enseña a los judíos de la dispersión que no circunciden a sus hijos ni sigan las costumbres mosaicas (v. 21). Leemos entre líneas, pues, que en Jerusalén la iglesia está dividida en dos categorías de cristianos: los judíos que siguen la ley de Moisés y los gentiles que están exentos de ella (v. 25). Era justamente lo que san Pablo se esforzaba por evitar. Santiago pide a san Pablo que desautorice el rumor del modo más eficaz: con su ejemplo. Ha de acompañar y presentar en el templo a cuatro varones que han hecho voto al modo judío, por lo que han de purificarse. San Pablo ha de unirse a ellos y así demostrar que sigue cumpliendo cabalmente la ley (v. 24). Dicho con toda claridad, como judío, san Pablo seguía obligado a cumplir cabalmente con la ley de Moisés; al menos, debía aparentarlo. En otros términos, la ley mosaica no obliga a los gentiles, pero sí a los judíos. Y san Pablo se someterá a las exigencias de Santiago. A nadie, al parecer, ni al mismo Apóstol se le había ocurrido que era ilícito continuar judaizando, si se era judío de origen. ¿Creían los cristianos de Jerusalén de dicho origen que tales prácticas eran necesarias para la salvación? Los que fueron a Antioquía y provocaron el problema que obligó a consultar a Jerusalén ciertamente lo creían. Después de la decisión del concilio, podemos pensar que, al menos los más despiertos, no lo creerían. A pesar de lo cual, seguían judaizando. ¿Atavismo? ¡Qué difícil es, para nosotros, separados por casi 2.000años de esa época, comprenderlo!

¿Cómo llegó la Iglesia a prohibir tal actitud? En realidad, parece que jamás lo hizo. Podemos suponer que todos los apóstoles, no sólo subían al templo a orar, sino que cumplían cabalmente la ley de Moisés. Tuvo que intervenir Dios mismo por medio de su elegido Tito. El príncipe romano, sin saberlo, por supuesto, prestó una ayuda invaluable a la Iglesia, como antaño Ciro a los hebreos en Babilonia. Al destruir Jerusalén y demoler el templo, dejando el lugar convertido en cuartel de una legión, resultó imposible seguir cumpliendo las exigencias mosaicas; en especial, las referidas al templo. La comunidad católica abandonó la ciudad antes del desastre y se refugió en la ciudad helenística de Pella[11].

¿Hubo algún pronunciamiento de la Iglesia anulando la disposición pastoral del concilio de Jerusalén. Parece que no. Simplemente se lo dejó caer en el olvido.

Hoy nos divide el concilio Vaticano II tal como entonces el de Jerusalén. Tal vez lo más sabio sea la actitud de la Iglesia antigua: dejarlo caer en el olvido. Hace algunos años, un amigo reflexionaba: la pastoral recoge el esfuerzo de los obispos de adecuarse al tiempo y al lugar presente. Como el concilio se reunió a comienzos de los años sesenta del siglo pasado, se adecuaba a las necesidades temporales de entonces; no a las de ahora. En consecuencia, lo más sensato parece ser dejarlo caer en el olvido y mirar hacia adelante.

Algunos ejemplos históricos nos iluminan esta actitud. Los jesuitas descubrieron la habilidad que tenían los guaraníes y su gusto por el canto y basaron buena parte de su pastoral en la música. Hoy comenzamos a rescatar del olvido una ingente cantidad de himnos religiosos compuestos en esa época con ese fin. Pero los tiempos cambian y, con él, la pastoral en muchos detalles. Nuestra misa dominical tradicional poco tiene que ver con la que se oficiaba en el siglo XVIII, en el centro de Europa, también cantada por todo el pueblo, pero con una orquesta completa en el interior del templo y en medio de nubes de incienso. El sermón podía durar una hora y nadie protestaba. ¿Igual que hoy?

Dejemos a los teólogos de profesión dilucidar las zonas oscuras de tal concilio y continuemos la Tradición sin solución de continuidad.

 

 

 

JUAN CARLOS OSSANDÓN VALDÉS



[1] “San Pablo. Heraldo de Cristo”. Herder. Madrid. 7 ed., 1964. Págs. 146 y ss. Esta obra fue recomendaba calurosamente por S.E. Eugenio card. Pacelli, secretario de Estado, futuro Pío XII.
[2] He. 10, 44,45.
[3] Como en los Hechos sólo tenemos un breve resumen de cada discurso, podemos pensar que Santiago se ha referido también a otros textos que proclaman la universalidad de la nueva iglesia. Cfr.  Is. 42, 49, 55, etc; Ps. 2 y 85; y muchos otros textos.
[4] Holzner, o. c. pág. 150.
[5] Ibíd.
[6] Cfr. 1 Cor. 8,13.
[7] Ibíd. Pág. 152.
[8] 2, 11-14.
[9] He. 21, 4.
[10] Aunque el texto dice: “ellos le dijeron”, como Santiago era el obispo y “hermano del Señor”, suponemos que era él quien llevaba la voz cantante.
[11] Daniels- Rops: “La Iglesia de los Apóstoles y de los Mártires”. Arcaduz. Madrid. 1992. Págs. 60 y ss.

Algunas consideraciones sobre la tesis sobre el estado laicista a-teo:

Algunas consideraciones sobre la tesis sobre el estado laicista a-teo:

La aplicación concreta de la tésis católica sobre el Estado confesional (como consecuencia lógica de la divinidad de Cristo) se puede, en unas circunstancias dadas, hacer imposible, quedando en entonces en sólo una hipótesis; no obstante el católico nunca puede renunciar a la tésis, al contrario, debe empeñarse,con todas sus fuerzas para que se den las circunstancias para que la Ley de Cristo reine no sólo en los corazones sino también en las instituciones y así todos los hombres puedan beneficiarse de la Paz de Cristo que no es otra cosa que la tranquilidad dentro del orden. Pero... ¿qué sucede cuando es el mismo fundamento del orden es el que es negado en aras a la confesionalidad laicista? La respuesta la encontramos, sin esfuerzo, en los noticieros que nos muestran lo que está pasando.

La existencia misma de Dios implica objetivamente su domino natural y pleno sobre todas las realidades tanto visibles como invisibles, personales como sociales. Las criaturas, como tales, rinden gloria al Creador "...el Cielo y la tierra narran la gloria de Dios"; así, la criatura racional debe racionalmente rendir homenaje, según su naturaleza , a Dios... tanto en su vida privada y al interior de su corazón como en su vida social y pública, según las distintas formas concretas como se expresa su naturaleza social con la que fue creado. De hecho, en la antigüedad, se pueden encontrar diversos modos de vivir en sociedad, con mayor o menos desarrollo en todos los niveles. Pero nunca una sociedad sin una idea del un ser superior al cual se le rinda un culto público, asociado o identificado con la autoridad sobre la comunidad. Siempre, por decirlo así, el hombre es "deista" naturalmente... sólo en la decadencia moral del siglo XX aparece expandida en el mapa mundi la mancha de los países que en los que oficialmente se reniega de la fe como fundamento de la moral pública... se vive, al decir del papa Benedicto XVI, "la dictadura del relativismo". En el Estado confesionalmente Laico (a-teo) que dice no confesional, que promueve el indiferentismo, la moral pública queda sin sustento objetivo e inmutable. 
La ley se convierte en un puro reglamento mutable según el número o el tono consensuado de mayorías relativas, una  ética  que en cualquier momento cambia. 

La renuncia pública al reconocimiento de la Ley divina (donde es posible aplicar dicho reconocimiento) constituye la aplicación de un principio laicista que proclama que no existen principios.  Por eso asistimos a la puesta en discusión con miras a legalizar, de todo y cualquier principio moral, ya que sin Religión no hay moral y sin Religión verdadera no hay moral verdadera.

Ante esta verdadera catástrofe moral es lógico que la Iglesia no se silencie, por lo tanto,en cumplimiento de su misión, debe guiar, orientar, con ocasión o sin ella, enseñar en todo lo que concierne a la moral teniendo en cuenta la salvación de las almas. 

Especialmente a las autoridades responsables en temas como el control de natalidad, el aborto, la inseminación in vitro, la sexualidad, la decisión de morir de tal  o cual manera, las uniones homosexuales, la adopción por parte de parejas idem, todo ello ha de ser trabajado con miras al bien común, tanto espiritual como material, del mismo individuo (ciudadano y feligrés) que tiene un fin eterno. En esto la armonía y colaboración del Estado con la Iglesia se hace indispensable.


Seminario_C onciliar_Bogota_exalumnos@gruposyahoo.com
To: Seminario_Conciliar_Bogota_exalumnos@gruposyahoo.com
Date: Tue, 12 May 2015 05:49:15 +0000
Subject: [Seminario_Conciliar_Bogota_
exalumnos] Rv: Estado laico no confesional - Nuestro editorial del mes de Mayo de 2015

 

ESTADO LAICO NO CONFESIONAL

El poder de la Iglesia católica en Colombia fue tal, durante gran parte  del siglo XX, como para influir decididamente en la escogencia de  presidentes o para vetar candidatos, reglar la conducta de los ciudadanos y  dar normas acerca de la educación. Pero además proscribía a los liberales, como aliados de Satanás y elegía a los conservadores como los seguidores fieles de la doctrina evangélica. (La Iglesia gozaba de prebendas; recordemos no más, que el Cardenal, se movilizaba en las calles precedido por sendas motos oficiales hacia su apartamento donado por el Estado. El sermón del padre Severo Velásquez en la Porciúncula aceleró la caída del dictador Rojas Pinilla.) El Estado, a su vez, daba el placet para el nombramiento de obispos y la eximía de impuestos.
 
José María Obando decretó por la ley de junio de 1853 la separación Iglesia-Estado. Con esta ley, la Nueva Granada se constituyó en pionera del separacionismo entre las Repúblicas de América del Sur. El Delegado apostólico en Colombia (incluidos Venezuela, Ecuador y Perú), Mons. Mieczyalaw Ledochowski afirmó que la separación había sido tan beneficiosa para la labor espiritual de la Iglesia que los mismos liberales que la promovieron en pro de la aconfesionalidad del Estado desearon anularla. Cfr. DUQUE ALCAIDE, ELISA. Libertad eclesial y separación Iglesia-Estado en Colombia* Opción del delegado apostólico monseñor Mieczyslaw Ledochowski.
 
Ello quiere decir que ni la Iglesia debe meterse a legislar en el Congreso o a ordenar a las altas cortes cómo deben redactar sus sentencias, ni el Estado tiene porqué meterse en decir lo que la Iglesia debe o no debe hacer. “Somos amigos, pero no interferimos en nuestras competencias” lo cual, desde luego,, no impide que un laico o un jerarca de una confesión religiosa, sea católico, protestante, musulmán o judío, inclusive un ateo,  pueda expresar su opinión y participar en debates para argumentar y defender los principios de sus creencias religiosas o no religiosas.
La misión de la Iglesia -obispo, párroco o laico- es la de iluminar con el Evangelio y en espacios de diálogo fecundo, la actitud vital de sus feligreses. Temas como el control de natalidad, el aborto, la inseminación in vitro, la sexualidad, la decisión de morir de tal  o cual manera, las uniones homosexuales, la adopción por parte de parejas idem, todo ello ha de ser trabajado en la Iglesia, es decir en sus comunidades de base, entre quienes se dicen cristianos, en fin, entre los bautizados.  Además –esto es lo más importante- la Iglesia valora y respeta, por encima de la ley,  las decisiones que en conciencia tome un hijo de Dios. Pero además se compromete a cumplir las leyes.
 
Un laico, abogado y a título personal, no una Conferencia Episcopal, sería el indicado para demandar aquello, que a su juicio y según sus principios cristianos, viola la Constitución y atenta contra la vida.
 
Hace ruido entonces la carta de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) firmada por su secretario el P. Pedro F. Mercado, al ministro de Protección Social, en la que pide que se revoque la reglamentación de la eutanasia y al Congreso para que por la vía de la excepción excluya a los hospitales manejados por comunidades católicas de esa práctica. “Se nos está obligando a actuar en contra de nuestra propia conciencia y voluntad”http://www.cec.org.co/images/Documentos/Doc-2015/Iglesia-Estado/Eutanasia.pdf
 
La carta de la CEC al ministro contiene, a juicio nuestro, cuestionables afirmaciones:
·        Desconoce que la Constitución de 1991 establece que Colombia es un Estado laico y secular.  
·         Impone los planteamientos religiosos de una parte de la sociedad, los de la Iglesia Católica, para temas como la reglamentación de la sentencia T-970 de 2014 de la Corte Constitucional.
·         Jurídicamente la vida es un derecho y no una obligación. Y el argumento que importa para la regulación colombiana, para el Congreso de la República y para el Ministerio de Salud, es el jurídico (el derecho) y no el moral (la obligación).
·         En el último párrafo de la carta, llega a afirmar el inexistente (sic)  derecho a “morir dignamente” (¿?)
No son bienvenidas tampoco las declaraciones amedrentadoras del presidente de la Comisión de Vida de la Conferencia Episcopal, monseñor Juan Vicente Córdoba, que dijo que si el gobierno insiste en reglamentar la eutanasia, cerrarán todos sus hospitales, incluido el Universitario San Ignacio de Bogotá, y el Pablo Tobón Uribe de Medellín, entre otros en el país.
 
Lo dicho por el señor obispo de Fontibón sitúa también el asunto en el ámbito de las negociaciones comerciales y políticas y no invitan a la vida y a opciones realmente cristianas de servicio con enfoque integral a la luz del evangelio. La posición debe ser totalmente clara: ni como personas ni como instituciones de personas que siguen o buscan seguir el camino del evangelio, cualquiera sea la orden o disposición legal o constitucional, se puede dejar de actuar en conciencia. Si ello implica recibir sanciones económicas, administrativas, policivas o de cualquier otro orden no se va a modificar el comportamiento. Ya es de resorte de quienes tomen las decisiones de sancionar y de quienes sean los ejecutores  de lo pertinente, sin que ello implique el que quien no está de acuerdo viole el dictamen de la propia conciencia. Es decir, el cierre de hospitales o clínicas, por ejemplo,  no debe ser nunca decisión de quien está dispuesto a prestar el servicio. Otra cosa es que la autoridad pase por encima de las conciencias y le impida hacerlo.
Mire usted gráficamente cómo Osuna interpreta la intervención de un jerarca que olvidó aquello de la separación Iglesia-Estado y sintió que LO ESTÁN OBLIGANDO (¿?) A HACER EUTANASIA.
 
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Entendemos que el tema es complejo y tiene muchas aristas. Invitamos, por tanto, a enriquecerlo con sus aportes.
 
 
 

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Enviado por: Grupo yahoo Seminario Conciliar Bogota <grupoexalumnoseminarioconciliar@yahoo.com>

jueves, 14 de mayo de 2015

Padre Amorth piensa que los castigos del cielo vienen pronto.

 
 
 
 
17 días antes de morir, el P. Nicholas Gruner, fundador y Director de la Cruzada Internacional del Rosario de Fátima y uno de los mayores expertos sobre las apariciones de Fátima, escribió la siguiente carta:
 
12 de marzo 2015 (Fiesta de San Gregorio Magno) 
Estimado....
Recientemente regresé de Roma, donde asistí a la instalación de los nuevos cardenales. Pero mientras yo estaba allí ocurrió algo inesperado, algo que me agitó el alma que no me lo esperaba.
Hablé con el padre Gabriel Amorth, el exorcista vivo más famoso del mundo. ¡Sus palabras me sacudieron como pocas cosas en la vida!
El Padre Amorth me dijo que tenemos un corto tiempo antes de que los castigos previstos por Nuestra Señora de Fátima empiecen a destrozar nuestro mundo en formas que difícilmente podemos imaginar.
¿Cuánto Tiempo? ¡Menos de 8 meses!
(Nota: esto es noviembre de 2015, si consideramos la fecha de la carta).
El Padre Gabriel Amorth me dijo que a menos que la consagración de Rusia se realice, como la Virgen lo había pedido, a finales de octubre de 2015, las profecías de Fátima, pueden empezar cualquier día después de eso. ¿Por qué el padre Gabriel Amorth me dice esto a mí? Para que el Apostolado de Nuestra Señora se haga escuchar su voz como nunca antes, para gritar el mensaje de Fátima a los cuatro vientos. Y para hacer esto, debemos estar juntos. Debemos utilizar todos nuestros recursos, todas nuestras fuerzas, y despertar al mundo del sonambulismo en que está inmerso. No fue accidental. ¡Todo es Providencial!
El padre Amorth tiene 85 años y sigue siendo el jefe exorcista de Roma. Ha realizado decenas de miles de exorcismos y escrito varios libros sobre el tema. Fue el sucesor elegido del P. Cándido, su famoso santo predecesor, que él mismo tenía dones espirituales especiales. El padre Amorth sabe que estamos en la batalla final con Satanás y el tiempo es corto. Me he reunido y hablado con el padre Amorth muchas veces a lo largo de los años. Esta es la primera vez que me ha dicho en lenguaje claro cuánto tiempo nos queda exactamente, antes de que los castigos puedan empezar a manifestarse en el mundo.
En su misericordia amorosa, Nuestro Señor ya ha dado a nuestra generación muchas oportunidades para alejarse del mal y la mentira, antes de llevar a cabo nuestra propia destrucción. Antes que nos castigue, Nuestro Señor siempre nos advierte con las palabras de sus profetas y santos. ¿Qué tan importante es el mensaje de Fátima? En el desierto espiritual de nuestro tiempo, nuestro Señor nos ha enviado una advertencia, la más grande aún más exaltada en la jerarquía de los Cielos que Juan el Bautista. Nuestro Señor escogió a su Madre para entregar el mensaje de Fátima.
Mantengamos este hecho directamente en frente de nosotros cuando tomemos en cuenta este mensaje. ¡Es la Madre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos habló en Fátima! ¿Nuestro Señor hubiera enviado a su Madre a nosotros si el mensaje no hubiera sido de mayor importancia? ¿Puede nuestro Señor, que ama y honra a su Madre por encima de todas las criaturas, estar complacido por la forma en que su mensaje ha sido recibido por su Iglesia, por sus ministros? Imagínense cómo se sentirían si su madre fuera deshonrada, desairada, incluso insultada. La ira de Nuestro Señor debe ser grande y creciente. ¡Y cada día que las palabras de la Virgen se ignoran nos acercamos a un castigo horrible más allá de la imaginación! ¡En verdad, los líderes de la Iglesia, al no obedecer a Nuestra Señora y consagrar Rusia a su Corazón Inmaculado, han puesto el mundo y miles de millones de almas en peligro! Tenemos que advertir al mundo. Las palabras del padre Amorth deben resonar en nuestros corazones. Debemos actuar ahora. ¡El reloj no se detiene!
Suyo en Jesús, María y José,
Padre Nicholas Gruner 
Fátima Center

Paul Craig Roberts: "Washington cometió un error que podría ser fatal para la humanidad"

Paul Craig Roberts: "Washington cometió un error que podría ser fatal para la humanidad"

Publicado: 13 may 2015 15:23 GMT
Paul Craig Roberts:
REUTERS/Carlos Barria
La Casa Blanca está decidida a bloquear el surgimiento de las dos potencias nucleares clave, Rusia y China, ninguna de las cuales aceptará la hegemonía de EE.UU., opina el politólogo y economista norteamericano Paul Craig Roberts, quien considera que "Washington cometió un error que podría ser fatal para la humanidad".
"EE.UU. siempre ha tenido una buena opinión de sí mismo, pero con la caída de la Unión Soviética la autosatisfacción alcanzó nuevas cumbres. Nos convertimos en el pueblo excepcional, el pueblo indispensable, el país elegido por la historia para ejercer la hegemonía sobre el mundo", escribe el politólogo en un artículo publicado en su sitio web. Agrega que "esta doctrina neoconservadora libera al Gobierno de EE.UU. de las limitaciones del derecho internacional y permite a Washington usar la coerción contra Estados soberanos con el fin de rehacer el mundo".
Debido a esta política, Pekín actualmente se está confrontando con la estrategia estadounidense conocida como 'Pivot to Asia' (giro a Asia), y con "la construcción de nuevas bases navales y aéreas de EE.UU. para asegurar el control de Washington en el mar de China Meridional, que ahora se define como una de las áreas de interés nacional para los estadounidenses", señala el autor.
Por otro lado, el intento de contener a Rusia es el origen de "la crisis que Washington ha creado en Ucrania y de aprovecharla para hacer propaganda antirrusa", explica Roberts.
Rusia y China finalmente se han dado cuenta de que tienen que elegir entre el vasallaje o la guerra
En su opinión, "la agresión y la propaganda descarada" de EE.UU. no han hecho más que convencer a Rusia y China de que "Washington tiene intenciones de guerra, y haberse dado cuenta de ello ha empujado a los dos países hacia una alianza estratégica".
Ni Rusia, ni China aceptarán el llamado "estatus de vasallajeaceptado por el Reino Unido, Alemania, Francia y el resto de Europa, así como Canadá, Japón y Australia", afirma el analista político, que añade que "el precio de la paz mundial es que todo el mundo acepte la hegemonía de Washington".
"En el frente de la política exterior, la arrogancia de la autoimagen de Estados Unidos como el país 'excepcional e indispensable' y con los derechos hegemónicos sobre otros países significa que el mundo se prepara para la guerra", escribe Roberts.
A su juicio, "a menos que el dólar, y con él el poder de EE.UU., se derrumbe o que Europa encuentre el coraje para romper con Washington y llevar a cabo una política exterior independiente diciendo adiós a la OTAN, una guerra nuclear es nuestro probable futuro".
El precio de la paz mundial es que el mundo acepte la hegemonía de Washington
En su columna, Roberts también aborda la cuestión de las celebraciones en Moscú del Día de la Victoria sobre el nazismo, que los políticos occidentales boicotearon, mientras que "los chinos estaban allí en su lugar", con el presidente sentado junto a Vladímir Putin durante el desfile militar en la Plaza Roja, lo cual, según el politólogo, marcó un "punto de inflexión histórico".
Aunque la comparación de las bajas soviéticas con las de EE.UU., Reino Unido, y Francia juntas "deja totalmente claro que fue Rusia quien derrotó a Hitler", en su discurso con motivo del 70.º aniversario de la rendición de la Alemania nazi el presidente estadounidense solo mencionó a las fuerzas de EE.UU. En cambio, el presidente Putin "expresó su agradecimiento a los pueblos de Gran Bretaña, Francia y EE.UU. por su contribución a la victoria", recuerda el exasesor económico del Gobierno de Ronald Reagan.
Desde hace muchos años el mandatario ruso declara públicamente que "Occidente no escucha a Rusia", escribe el autor del artículo. "Washington y sus Estados vasallos en Europa, Canadá, Australia y Japón no escuchan cuando Rusia dice 'no nos presionen tanto, no somos el enemigo, queremos ser su socio'", lamenta Roberts.

Por culpa de la política de Washington, "Rusia y China finalmente se han dado cuenta de que tienen que elegir entre el vasallaje y la guerra", opina el politólogo, advirtiendo que "Washington ha cometido un error que podría ser fatal para la humanidad".

miércoles, 13 de mayo de 2015

Comentario de Miguel Malle Gómez.

Amigos:
En mi modesta opinión, que se convoque un Sínodo en el que se discutan materias tales como la indisolubilidad del matrimonio, que si este está o no constituido por varón y mujer u otra enseñanza multisecular de la Iglesia, es un sinsentido. Sobre estas materias la Iglesia hace rato que "cortó el queque". Mejor aún, Cristo fue quien determinó estas cosas, de una vez y para siempre. Discutirlas, con afán innovador ofende ciertamente a Cristo, a Su Iglesia y a quienes nos sentimos vinculados a estas enseñanzas.

Pero, en fin, ya es tarde: tendremos un Sínodo sobre la familia y allí se corre el riesgo de que se haga un pronunciamiento sobre estas materias, que sea en abierta contradicción con las doctrinas de la Iglesia.

Hay preocupación. Se piensa, por muchos, que la Iglesia debiera adaptarse al mundo (San Pablo dice precisamente lo contrario). Estos son los que, recurriendo naturalmente a malas artes, han pretendido "formar opinión" en favor de los innovadores. En general, la gente piensa que estos se llevarán la victoria. En realidad, no sería una victoria para nadie. Sería un desastre para la Iglesia.

Pero al parecer, hay quienes creen que este descalabro no ocurrirá. El Cardenal Pell es uno, entre muchos, que tiene fe en que la Iglesia no será mancillada por la adopción de doctrinas contrarias al sentir de Dios.

Les invito a leer.

Miguel Malle Gómez




Cardenal Pell: Espero que el Sínodo “apoyará masivamente” la tradición acerca de la comunión a los divorciados vueltos a casar.


(Por John-Henry Westen y John JalsevacJohn-Henry Westen and John JalsevacJohn-Henry Westen and John Jalsevac)


10 de mayo del 2015 (LifeSiteNews)- Dirigiéndose a una asamblea de más de 120 líderes internacionales  pro vida y cientos de otros invitados, en Roma, el pasado sábado, el Cardenal George Pell* dijo que espera que el próximo Sínodo Ordinario sobre la Familia “apoyará masivamente” la enseñanza tradicional de la Iglesia, acerca de la comunión para los católicos divorciados “vueltos a casar”.


“Cristo es muy claro acerca del divorcio... y no tan importante, pero casi importante, San Pablo es muy claro acerca de las condiciones requeridas para una adecuada recepción de la comunión”, dijo. “Pienso de hecho, que el Sínodo apoyará masivamente a la tradición.”


El Cardenal respondía a una pregunta, luego de su exposición, acerca del rol que las enseñanzas de Juan Pablo II, juegan en la Iglesia. “La enseñanza de San Juan Pablo el Grande es la enseñanza de la Iglesia”, dijo el Cardenal. “Creo que los delegados (del Sínodo) reconocerán que la tradición cristiana de Juan Pablo el Grande, Benedicto, el Concilio de Trento... no preveo ninguna desviación.”


El Rome Life Forum fue organizado por LifeSiteNews el año 2014 y ahora es mantenido por Voice of  the Family, una coalición de docenas de grupos pro vida y pro familia. Los líderes pro vida se reunieron durante dos días, en sesiones privadas de estrategia, antes de una parte pública, en la que el Cardenal Pell hiciera su disertación.


También estaba presente, en la sesión pública de la tarde, el Cardenal Raymond Burke. Él y Pell han estado entre las voces más potentes que han manifestado preocupaciones acerca del modo en que el Sínodo Extraordinario sobre la Familia – preludio al próximo Sínodo Ordinario – fue usado por lo que el Cardenal Pell ha llamado un grupúsculo de “radicales”, para promover una agenda destinada a socavar las enseñanzas de la Iglesia.


En una entrevista el pasado mes de octubre, el Cardenal Pell ha advertido que la presión pública para permitir a los católicos divorciados y “vueltos a casar”, recibir la comunión, es un “disfraz”. En realidad, dijo, quienes están detrás de esta presión, “quieren cambios más amplios: reconocimiento de las uniones civiles, reconocimiento de las uniones homosexuales.”


Esta presión por “cambios más amplios” quedó reflejada en el ahora infame  informe de “medio término” del Sínodo Extraordinario”, que sugirió, entre otros pasajes controversiales, que los obispos querían que la Iglesia aprendiera a “valorar y aceptar” la “orientación” homosexual e incluía la “proposición Kasper”, para permitir a los católicos divorciados y vueltos a casar, recibir la comunión.


Aunque estos párrafos fueron luego rechazados por los Padres del Sínodo, permanecieron en el informe final. El Cardenal Reinhard Marx, de Alemania, ha declarado que el Papa Francisco mismo ordenó retenerlos en el documento final.


Este documento será la base para las discusiones del Sínodo Ordinario, despertando preocupación respecto de una reiteración de los esfuerzos para impulsar los cambios.


Las preocupaciones del Cardenal Pell acerca del Sínodo son particularmente dignas de consideración, dada su posición como uno del “grupo de los 8”, un grupo de cardenales escogidos por el Papa, para servir como sus más cercanos asesores, en la tarea de reformar el Vaticano.


En su alocución ante el Rome Life Forum, el sábado, el Cardenal Pell habló sobre el tema de los padres como los mejores educadores de los hijos. Además de delinear los actuales desafíos para la familia, señaló una ironía de la sociedad contemporánea. “Percibimos mejor que hace 50 años que, si violamos las leyes de la naturaleza física... habrá consecuencias”, dijo. Sin embargo, agregó, “casi no encontramos reconocimiento público al hecho de que si violamos la moral natural, pueden haber perjudiciales consecuencias humanas.”


El Cardenal preguntó retóricamente, si no estamos “cavando nuestras propias tumbas”, al “derogar las leyes que defienden el ideal de matrimonio exclusivo, para toda la vida.”