miércoles, 9 de mayo de 2012

La Máquina del Tiempo 2


B) Aristóteles:
          El estagirita, tal como es sabido, realiza un exhaustivo análisis sobre el tiempo. Lo trata in extenso en la Física, pero también en Las Categorías. En esta última lo ve como uno más de los predicados que se dicen del ente. Así como se dice del ente el estar situado, nos relata, así se predica en el estar siendo; y es esto último que apunta a un orden temporal o cuando.    A pesar del orden predicativo que se da al tiempo en las Categorías, sin embargo, Aristóteles anejo a esta idea alude a otro de sus aspectos: la movilidad y el cambio.
" Y en el número nadie podría mostrar que las partes de él tienen una cierta posición entre sí, o que está situada en algún lugar, o cuáles partes se unen entre sí. Ni las del tiempo; pues ninguna de las partes del tiempo permanece y lo que no es permanente ¿de qué manera esto tendría una cierta posición?, sino más bien podrías decir que tienen un cierto orden, por ser propio del tiempo lo uno anterior lo otro posterior" Aristóteles, Categorías, 5a25-5a30.
      Por lo dicho hasta aquí por el estagirita, lo propio del tiempo es el antes y el después. Pero más adelante nos agrega lo siguiente: 

 "Más aún: todo cambio es más rapido o más lento, mientras que no lo es el tiempo, pues precisamente la lentitud y la rapidez vienen definidas por el tiempo; es rápido lo que en poco tiempo se mueve mucho, y es lento lo que en mucho tiempo se mueve poco; y el tiempo, no es delimitado por el tiempo ni como cantidad ni como calidad. Resulta patente que el tiempo no es movimiento, por otra parte, de momento no tenemos que hacer ninguna ulterior diferencia entre movimiento y cambio" Fis. 218B9-20.
  Y nos agrega:

 " Puesto que buscamos qué es el tiempo, es preciso determinar, a partir de ahí, que elemento del tiempo es el movimiento" Fis. 219a6

    Con esta pregunta, Aristóteles deja el misil lanzado para dar en el blanco de su definición sobre lo que es el tiempo. Nos dice:
 " Cuando por el contrario sentimos lo anterior y lo posterior, entonces decimos tiempo; he aquí, en efecto, lo que es el tiempo: el número del movimiento según lo anterior y posterior"Fis219B.
 Ya una vez establecida su definición, luego la precisa para evirtar cualquier tipo de confusión, escuchemos que nos dice:
 " El tiempo no es movimiento, sino en tanto que el movimiento tiene número (hay tiempo). Signo de ello es que el numero nos permite distinguir el más y el menos del movimiento; el tiempo es, por lo tanto, una especie de número. Ahora bien, el número es doble (porque llamamos a lo numerado y a lo numerable, número, y también, llamamos número a aquello con lo que numeramos). El tiempo es lo numerado, y no aquello con lo que numeramos; porque es distinto aquello con lo que numeramos, y lo numerado. Y de la misma manera que el movimiento es siempre distinto, igual le ocurre al tiempo. El tiempo todo entero simultáneo es el mismo; porque el ahora es el mismo como sustrato, pero en su ser es distinto. Ahora bien, el ahora determina al tiempo en tanto anterior y posterior". Fis.219b5.
      Resulta novedoso e interesante la diferenciación que establece Aristóteles respecto al número; por un lado, enumera al movimiento, y por otro lado, el número representa lo numerado. Esta especie de duplicidad del número a más de alguno llevaría a pensar que el Estagirita caería en un error, a lo menos en una tautología o petición de principio, al referirse que el número, enumera. El mismo Aristóteles terminará por aclararnos que tal objeción carece de todo asidero, puesto que, el número, al igual que el triángulo, son de una especie, pero esta varía de una forma en otra. El ejemplo que nos pone es considerar que el triangulo es uno según su género, pero se diferencia según su especie. Isóceles no es lo mismo que escaleno y equilátero.
  ¿ Quién es el que conceptualiza al número para que enumere el tiempo? Ya se ha dicho que el número participa de la enumeración del movimiento, pero no tiene atribuciones propias para cuantificar por si mismo la realidad temporal del movimiento.
"Pero si nada, sino el alma, y en el alma el nous está hecho por naturaleza para contar, es imposible que haya tiempo si no hay alma, sino que sólo (habrá) aquello de lo cual el tiempo es un atributo. Pero el "antes" y el "después" están en el movimiento y el tiempo es estos mismos en tanto que numerables." Fis.222b15-25
    Queda muy claro que quien enumera es el intelecto o nous. Es éste quien constituye la facultad del alma que permite retener y discernir los distintos momentos del devenir temporal. Aclaro que aquí Aristóteles considera al alma como aquel principio que anima al cuerpo, y no tiene esa visión sobrenatural de ella que nos revela el cristianismo.
      Es la inteligencia la que con uno de sus atributos como es la memoria,  nos permite distinguir el movimiento según el orden del antes y el después. Pero como no podemos medir desde el antes y el después, será sólo desde el ahora, lo que nos permita medir. En consecuencia, el ahora es el presente, el tiempo presente que dado por su "estatisidad" o mejor dicho, su cierta quietud, quien nos permite medir el movimiento del tiempo según un antes y un después. Nuestro peripatético amigo nos lanza otra ayuda para poder esclarecer lo que nos quiere decir:
"Es el principio y el fin del movimiento por venir, se sigue que al modo como el círculo tiene la misma cosa un lado convexo y otro cóncavo, así también el tiempo está en un comienzo y en el fin. Y por esto, parece siempre diferente, porque el ahora no es el comienzo ni el fin de la misma cosa; porque si lo fuera sería a la vez y en el mismo respecto los dos opuestos. Y el tiempo no se acabará por que siempre está comenzando."Fis.222b5
        Para que se pueda medir desde el ahora, éste debe trascender al movimiento, y esa capacidad del hombre que nos permite trascender al movimiento y a su vez almacenarlo, es la memoria. Nuestro peripatético amigo intuyó esto, pero no logró explicitarlo mayormente.  En estricto rigor, vivimos siempre en el presente. Pasado y futuro permanecen evanescentes a nosotros.  Si pudieramos hablar de una máquina del tiempo, esa máquina sería la memoria. La memoria nos permite volver con nuestros recuerdos al pasado, pero no puede hacer volver el pasado, sólo puede recordarlo.
            El hecho que vivamos siempre en presente no significa que exista una interface dicotómica entre pasado, presente y futuro. La memoria es como un gran receptáculo de imágenes, de imágenes tomadas de la realidad que nos envuelve. Y nos permite unir los distintos tiempos de una manera diferenciada. 
       Recuerdo con mucha precisión un caso clínico ocurrido en los Estados Unidos que nos puede permitir orientar más nuestra percepción del horizonte temporal, y la función práctica que nos brinda la memoria para establecer la percepción temporal de cada individuo. El caso comienza cuando una persona, producto de un accidente de tránsito pierde su memoria a raíz de un golpe muy fuerte en su cabeza. Lo único que podía recordar era un lapsus total de 5 minutos. Su percepción de la realidad se daba en este breve tiempo. Después de eso, el paciente volvía a conocer nuevamente su entorno. Cada vez que entraba la enfermera a su habitación, el paciente le repetía una y otra vez la misma pregunta que venía repitiendo cada cinco minutos.  
       Más allá de lo anecdótico del caso que acabo de contar, la pérdida de memoria del paciente, nos permite establecer ciertas conclusiones sobre la función de nuestra memoria. Si nuestra memoria se atrofia, tal como  ocurrió en el caso que les acabo de contar, nuestra percepción de la realidad queda religada a un breve instante temporal: a los cinco minutos que somos capaces de retener o almacenar como recuerdo. La unidad de lo temporal, quedaría rota, cercenada en el devenir del pasado al presente, y de este al futuro. Seríamos sólo seres estáticos en relación a la percepción dinámica del tiempo.
     Pero no quiero adelantarme más en mis disquisiciones acerca de lo que es el tiempo, por eso prefiero recurrir al gran San Agustín. El hiponense nos portará con ideas y definiciones para perfeccionar más nuestro concepto de lo temporal.
C)   El tiempo en el libro XI de las confesiones de San Agustín
       La pregunta sobre el tiempo:
     " No hubo, pues, tiempo alguno en que tú no hicieses nada, puesto que el mismo tiempo es obra tuya. Más ningún tiempo te puede ser coeterno, porque tu eres permanente, éste, si permaneciese, no sería tiempo. ¿ Qué es, pues, el tiempo? ¿quién podrá explicar esto fácil y brevemente?¿ quién podrá comprenderlo con el pensamiento, para hablar luego de él?. Y, sin embargo, ¿qué cosa más familiar mentamos en nuestras conversaciones, que el tiempo? Y cuando hablamos de él, sabemos sin duda que es, como sabemos o entendemos lo que es cuando lo oímos pronunciar  a otro . ¿Qué es , pues , el tiempo?. Si nadie me lo pregunta lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Lo que sí digo sin vacilación es que sé que si nada pasase no habría tiempo pasado; y si nada sucediese, no habría tiempo futuro; y si nada existiese, no habría tiempo presente" Conf, libro XI, 14 ,17.
         En San Agustín existe una dependencia ontológica de lo temporal respecto a Dios. Si nos atenemos al orden de causalidad, podremos ver que Dios es la causa; primera, final, eficiente y formal. De alli su afirmación: Si Dios permaneciese inactivo en el tiempo, éste último no existiría. Nadie puede negar que tal afirmación se encuentra parada desde el pedestal de la fe, no nos olvidemos que quien  filosofa es un creyente.
  
      " Quid est enim tempus? quis hoc facile breviterque explicaverit? Quis hoc ad verbum de illo proferendum vel cogitatione comprehenderit? Quid autem familiarius et notius in loquendo commemoramus quam tempus? Et intellegimus utique, cum id loquimur, intelligimus etiam, cum alio loquente id audimus." Ibid. Libro XI, 14, 17.
        Agustín comienza a delimitar el tema de su reflexión con la pregunta ¿qué es el tiempo?. Como buen observador, se da cuenta que existe una opinión generalizada sobre el término, el común de la gente lo utiliza para su cotidiano vivir. Pero como buen retórico, juega con las palabras, él dice que si alguien se lo pregunta, sabe qué es el tiempo, pero si tiene que explicarlo, no lo sabe. ¿No lo sabrá de verdad San Agustín? Claro que lo sabe, y tanto lo sabe que empieza a acotar su reflexión con una afirmación; Si nada pasase, no existiría tal tiempo, a su vez si nada sucediese no existiría el futuro y si nada existiese no existiría el presente.
       Tanto el tiempo pasado como el futuro se encuentran intrísecamente amarrados al presente existente. Para afirmar que el tiempo pasado ya ocurrió, vale decir, que es pasado. Debemos negar su existencia presente, la negación de los hechos presentes, transforman a una realidad como pasado: Verbi gracia;  Mientras escribo este post, en la medida que avanzo, mis pensamientos reflexivos sobre el tiempo van quedando religados al pasado de mi reflexión. Mientras más escriba, más se alejan de mi presente estos pensamientos. En términos prácticos, mientras más viva mi presente, mi pasado  se va tornarndo más concreto. No existe pasado sin presente, ni presente que se torne en un pasado. Pero ¿qué pasa con el futuro?, el mismo Hiponense nos responderá:

     " (...) Pero aquellos dos tiempos, pretérito y futuro,¿cómo pueden ser, si el pretérito ya no es y el futuro todavía no es? Y en cuanto al presente, si fuese siempre presente y no pasase a ser pretérito, ya no sería tiempo, sino eternidad. Si, pues, el presente pasa a ser tiempo es necesario que pase a ser pretérito,¿cómo decimos que existe éste, cuya causa o razón de ser están en dejar de ser, de tal modo que no podemos decir con verdad que existe el tiempo sino en cuanto a tiende a no ser?.
              Y, sin embargo, decimos tiempo largo y tiempo breve, lo cual no podemos decirlo más que del tiempo pasado y futuro. Llamamos tiempo pasado largo, vgr. a cien años antes de ahora, y de igual modo tiempo futuro largo a cien años después; tiempo pretérito breve, si decimos, por ejemplo, hace diez días, y tiempo futuro breve, si dentro de diez días. Pero ¿cómo puede ser largo o breve lo que no es?. Porque pretérito ya no es, y el futuro todavía no es.  No digamos, pues, que es largo, sino, hablando del pretérito, digamos que fue largo, y del futuro, que será largo" Libro XI. 14,17.

           El futuro queda en la misma relación de dependencia del pasado respecto al presente. El futuro para que sea, necesita que el presente se aleje de él, pero para alejarse más de él, tendrá que ir convirtiéndose en pasado. Pareciera que la solución al problema del tiempo consiste en un juego dialéctico de conceptos. Sin lugar a dudas, la solución no es esa, la solución se encuentra en la misma realidad contingente que nos toca vivir. Estamos expectantes con lo que vendrá, porque conocemos muy bien la realidad que nos envuelve. Sabemos a ciencia cierta,  que nuestra existencia va avanzando en la medida que vamos creciendo, pasamos muy rápido de la lactancia, a la niñez, de esta a la juventud, hasta finalmente terminar en la vejez. Nuestra experiencia de la vida bilógica nos indica el camino de lo temporal. Si nuestra temporalidad no estuviera tan marcada, casi no percibiríamos los cambios temporales de la naturaleza. Creeríamos que las estrellas son eternas, al igual que las montañas que nos rodean. Veríamos al mar, siempre de la misma manera, al sol salir y esconderse permamentemente. Sin que nada nos indicara la línea del tiempo.
       Nuestra temporalidad nos acusa, nos sumerge en la temporalidad de la existencia. La propia medición de nuestros vida adjuntada a la fecha del calendario juliano, es un mero convencionalismo. Nuestra vida pasa más por ciclos- lactancia, infancia, niñez, adolescencia, juventud, adultez y vejez- que por años de tresciento sesenta y cinco días. Los ciclos de la vida, explican más cabalmente en qué período nos encontramos de nuestra existencia. Nuestra temporalidad queda más ajustada a la realidad según este tipo de medición. No pretendo dictar cátedra al respecto, esta proposición y cosmovisión particular es perfectamente rebatible por otro tipo de medición. Dogmatizar nuestra percepción de lo temporal, es darle a lo temporal un carácter entitativo que no posee.
       Para enriquecer un poco más este estudio, no puedo pasar por alto, la intervención sobre el tiempo que hizo el filósofo francés André Comte-Sponville ante la Sociedad Francesa de Física el año 1993, pues allí presentó como ponencia su reflexión sobre lo que es el tiempo, criticando en aquella oportunidad la reflexión que hace San Agustín sobre el éste, llegando incluso de calificar de un profundo error su concepción de presente. Veamos que nos dice este filósofo:

    "Entiendo, claro está, que el día de ayer es para hoy pasado. Pero porque ya no es: sólo fue real, incluso más, sólo fue cuando era el hoy del mundo. Objeta San Agustín: si el presente estuviera siempre presente, si no fuera a reunirse con el pasado, ya no sería tiempo, sería eternidad. ¿Por qué no? Esto sólo resulta contradictorio si suponemos que tiempo y eternidad lo sean, lo que no es evidente. ¿Y cómo y dónde el presenre habría de reunirse con el pasado, si éste ya no está? Equivale a decir que mi cuerpo de adulto se une con mi cuerpo de niño, lo que resulta absurdo. De lo que tengo conciencia es más bien de mi cuerpo presente y sólo de él, desde el principio. ¿Cómo habría de ser lo que ya no soy o todavía no soy?. Sería no haber nacido, o estar muerto...Soy lo que soy, no lo que era o lo que seré: soy mi cuerpo actual, mi cuerpo e acto, y esta materialidad de mi existencia no es otra cosa que mi presencia en el mundo, que mi presencia en el presente. Estamos en el tiempo así como estamos en el mundo: abiertos en lo abierto, peregrinos de paso, presentes en el presente...Es nuestra vida misma, por la que estamos en el mundo, siempre, por la que estamos en el presente, siempre, como coetáneos de lo eterno. No más tarde o aparte, sino aquí y ahora. No en lo posible o lo pretérito: en lo actual. No en el futuro o el pasado: en el presente". André Comte-Sponville, ¿Qué es el tiempo? Reflexiones sobre el presente, el pasado y el futuro, Ed. Andrés Bello, Santiago, 2001, pág.55-56

       Comte-Sponville parte su crítica a San Agustín, negando la posibilidad que el presente se reúna con el pasado, pues para él eso sería un absurdo. Incluso pone como ejemplo a la conciencia que tiene de su cuerpo adulto, como única verdaderamente válida para expresar toda la actualidad de su realidad. El pasado de la infancia ya no es, obtuso sería pensar lo contrario, unir el presente con el pasado. ¿Estaremos verdaderamente vedados por la conciencia que tenemos del presente a reunirnos con el pasado? ¿Acaso el sol de ayer es radicalmente distinto al sol de hoy? ¿Por qué cuando nos referimos al pasado decimos que nos reunimos con él? ¿Será acaso que el lenguaje nos obliga a expresarnos de esa manera para distinguir lo que ya fue? 
         
   

2 comentarios:

  1. Güen Fraile:
    Como reza mi apelativo soy medio ilustrao nomás.
    De ài que cuando me pregunté sobre el tiempo le eché mano a un cura tuerto, ermitaño urbano que se decía, muy mentao como baqueano en eso de la filosofía.
    El cura me mandó leer un libraco de un dotor de las Españas (como decía el agûelo del agûelo de mi agûelo), un tal Miyán Pueyes.
    La verdá que no entendí muy mucho, mas de endeveras debo decirle que tampoco entendí muy poco, tanto como nada.
    Solamente me ricuerdo que el gayego aseguraba, con un tal Aristóteles, que el tiempo, como el espacio, no esisten, que solamente hay cosas que se mueven.
    Por eso, y porque soy medio ladino, cuando me nuembran al tiempo agarro la guitarra y, con José Larralde, canto así:

    Tal vez de puro cansancio, nomás
    le dí rienda a cada tiempo,
    sin darme cuenta que el tiempo se va,
    aunque esté en cada momento.

    Sepa usté que también ando preparao para el caso que me apuren, y también al ritmo de milonga surera, repito la contestación de Fierro a la pregunta del moreno: "¿cuando formó Dios el tiempo y por qué lo dividió?"

    Moreno voy a decir,
    sigún mi saber alcanza,
    el tiempo es solo tardanza
    de lo que está por venir.

    No tuvo nunca principio
    ni jamás acabará,
    porque el tiempo es una rueda,
    y rueda es eternidá.

    Y si el hombre lo divide,
    sólo lo hace en mi sentir,
    por saber lo que ha vivido
    o le resta que vivir.

    Asegún parece Fierro no estaba descaminao y hasta rumbeaba p´al mismo lao que´l Aristóteles y el Miyán Pueyes.
    Un abrazo y, ahora fuera de broma, muchas gracias por su cátedra, que bien valió el esfuerzo.
    Tomista medio ilustrado (pero gaucho del todo).

    ResponderEliminar
  2. Estimado Amigo:
    Muy simpáticas sus palabras y muy lindo el poema de Martín Fierro. Espero no aburrirlos con mi estudio sobre el tiempo. La verdad es que es muy largo, pero he tratado de resumirlo al máximo. Me queda un post final sobre la Máquina del tiempo.
    Siga comentándome, hace un buen aporte al blog. Usted es gaucho y yo soy un huaso de hojotas.
    Ps: El tiempo nace con la creación, eso se lo explicaré más adelante.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar

Solo se publicarán comentarios constructivos y que no contengan groserías y sean mal intencionados.